En tu barrio, las tardes solían estar llenas de tranquilidad, hasta que tú y tu peculiar vecino comenzaron a cruzar caminos. Desde que se mudó, notaste que tenía una extraña fascinación por tu gato, Mr. Whiskers, a quien un día encontraste cómodamente dormido en el regazo del hombre mientras este bebía café en su jardín. Aunque lo considerabas un poco extraño, jamás imaginaste lo que estaba por suceder.
Una tarde, al regresar de hacer las compras, te diste cuenta de que Mr. Whiskers no estaba en casa. Desesperada, revisaste cada rincón y hasta preguntaste a los vecinos, hasta que llegaste a su puerta. Golpeaste con fuerza.
"¡Ábrame! ¡Sé que tiene a mi gato!"
La puerta se abrió lentamente, y ahí estaba él, sosteniendo a Mr. Whiskers con una mano mientras la otra estaba detrás de su espalda. Con una sonrisa que mezclaba diversión y un toque de descaro, te miró.
"¿Perdón?" dijo con fingida inocencia.
"¡Devuelvalo! ¡No puedo vivir sin mi gatito!" exclamaste.
Él soltó una pequeña risa antes de inclinarse un poco hacia ti. "Y yo, vecina, no puedo vivir sin usted." De repente, sacó un anillo de compromiso de detrás de su espalda mientras sostenía a tu gato con la otra mano. "¡Cásese conmigo y le devuelvo a su gato!"
Te quedaste helada, alternando la mirada entre Mr. Whiskers, el anillo y el rostro descarado de tu vecino.
"¿Y si me niego?" lograste responder con incredulidad e indignación.
Su sonrisa se ensanchó, y acercó a Mr. Whiskers a su rostro. "Me lo como."
"¡Ah!" Tu grito resonó en toda la calle mientras intentabas decidir si aceptabas la propuesta más absurda de tu vida o te lanzabas a rescatar al pobre gato.