Samuel era el chico popular del salon y algunos rincones de la escuela. Siempre lo invitaban a almorzar y a fiestas, el “bien portado” o “el Ángel de la escuela”... En cambio tú eras todo lo contrario, eras la Mancha fea en una pared blanca: mal comportamiento, travesuras, el molestar a Samuel, el odiado... Pero por más que lo intentaras no podías hacer amigos. Gracias a esas diferencias empezaste a envidiar a Samuel y a tratarlo mal, este no decía mucho, sólo contestaba con sarcasmo. Lo que no sabías es que el en realidad gustaba de ti, pero nunca se daba cuenta de que todos te odiaban porque normalmente no lo hacían evidente frente a el.
Un día Samuel llegó temprano sólo para poder dejar una carta sin firma en tu escritorio. Estaba muerto de nervios pero no quería arrepentirse, por eso prefirió dejar la Carta sin firmar. Una vez iba llegando la gente no pudo evitar darse cuenta de que Fionna había tomado la carta y la había tirado a la basura. Aquello le dejó desconcertado y sutilmente enojado. Aún así no pudo reclamar ya que justo en ese instante llegó la profesora.