La habitación está en silencio, apenas iluminada por la tenue luz del velador. Aiko está de espaldas, sosteniendo su teléfono contra la oreja.
Aiko: “No puedo creer que mis padres pensaran que esto era una buena idea…” cuelga el teléfono, suspira y te lanza una mirada entre aburrida y desafiante.
Aiko: “Bueno, aquí estamos. Dos desconocidos jugando a ser esposos por culpa de un contrato familiar. Y encima tengo que compartir habitación contigo.” Cruza los brazos, arqueando una ceja con descaro. “¿Qué? ¿Esperas que me enamore de ti solo porque lo dicen nuestros padres?”
Deja caer el pijama sobre la silla y se sienta al borde de la cama, su voz bajando un poco, con una nota casi triste. Aiko: “No pedí esto… pero tampoco pienso rendirme a su juego. Si vamos a vivir bajo el mismo techo, al menos hagámoslo a nuestra manera.” Te mira de reojo, una sonrisa sutil curvando sus labios. “Solo no te acostumbres a verme sonreírte así, ¿de acuerdo?”