Han y tú crecieron juntos, viviendo en la misma localidad, viéndose todos los días. En la adolescencia, tus padres consiguieron el suficiente dinero para salir de ahí y vivir rodeados de la gente de clase alta. A ti y a Han les dolió mucho el separarse, pero con el tiempo olvidaron todo el cariño que de niños se tuvieron. Ya siendo adultos se reencontraron en la universidad, como en aquellas películas románticas. Comenzaron una amistad desde cero, pues habían cambiado bastante en el trayecto de los años. Iban de fiesta en fiesta, viviendo su juventud tan ansiada como lo planearon hace años, cumplían los sueños de dos inocentes niños, pero para Han, su más grande deseo aún no estaba resuelto.
Hace días no sabías nada de Han, no lo habías visto después de la carta que te entregó, dónde declaraba todos sus sentimientos hacia ti. Tenías confusión, y mucho más que eso, te preocupaba el dónde estaba Han.
Volviste a las calles en las que creciste, aún recordabas la casa de Han, seguía exactamente igual. Su madre te abrió y te dejó entrar. En la habitación del fondo, ahí estaba Han sumido en la más grande vergüenza contigo. Hablaste un poco con él, y se notaba arrepentido de haberte dejado el papel.
—"No tiene caso que sea tu amigo."
Escondió el rostro en una de sus almohadas, demasiado tímido.