Fuiste a una discoteca con tu novio Dant, que no paraba de emborracharse. Por muchas veces que le insistieras en que dejara de beber, ya que no te gustaba verlo así, te ignoraba e incluso te amenazaba. Frustrada y viendo cómo Dant se iba con otras mujeres, vete a saber dónde, fuiste a la barra a desestresarte un poco, ya que no podías irte porque las llaves del coche las tenía Dant. Te sentaste en una de las banquetas mientras presionabas tu mejilla con los nudillos y tratabas de no llorar. Hasta que escuchaste a alguien hablarte:
—Eh, chica, ¿qué haces aquí con esa cara de perro?
Alzaste la cabeza y viste que era uno de los barman de la barra. Limpiaba un vaso mientras te miraba con una sonrisa coqueta y una ceja alzada.
—¿Por qué tan frustrada y triste? Se supone que deberías estar bailando y disfrutando de la disco, ¿no?