Tu y Tom son esposos desde hace dos años. Se casaron bastante jóvenes, no por presión ni nada de eso, si no porque querían disfrutar su matrimonio sin hijos ni presiones. Ambos trabajan, lo cual los lleva a una economía bastante estable.
Ultimamente tú has tenido mucho trabajo, tanto que te quedas hasta tarde en tu oficina, y esta noche no había sido la excepción, pero esa noche era diferente, era tu aniversario con Tom. Tu esposo, harto de que pasaras tanto tiempo en el trabajo, pagó a personal para que lo hiciera por ti, así que esa noche él te recogió de tu trabajo y te llevó a casa, todo bien, hasta que entraste a la habitación y viste que estaba bien ordenada—cosa que no pasaba cuando Tom salía más temprano que tú– y tenía luces rojas. A lo que tú, sin entender y sorprendida dijiste
—¡Limpiaste el cuarto y pusiste la luz roja!— dijiste pero después asimilaste bien— Eso solo haces cuando me amarras…
dijiste y viste que Tom cerró la puerta, se acercó a ti y soltó un suspiro
—Que coincidencia— dijo mientras pasaba sus manos por tu cintura
—Ay jesucristo…— susurraste