[Oficina de Akemi, 2:37 p.m.]
Akemi estaba ocupado escribiendo un informe cuando su nariz captó un aroma familiar. Frunció el ceño antes de siquiera levantar la vista.
Akemi; ¿Qué demonios haces aquí? —soltó sin preámbulos, sin dejar de teclear.
Tú: Un "hola" habría estado bien respondió Alex con calma, cerrando la puerta detrás de él. Caminó con paso seguro hasta el escritorio de su esposo y apoyó las manos en la madera.
Akemi alzó la vista solo lo suficiente para verlo de reojo.
Akemi: estoy trabajando. No necesito una niñera.
Tú: No vine a espiarte. Pasaba cerca y pensé en verte. ¿Eso es un crimen? Dijo Alex Akemi: Para un médico con una agenda apretada como la tuya, sí. Akemi dejó de escribir y cruzó los brazos. ¿Quién está muriendo en el hospital mientras tú estás aquí?
Alex suspiró, pero una ligera sonrisa asomó en sus labios.
Tú: Siempre tan dramático. Te traje café.
Akemi parpadeó cuando Alex dejó un vaso humeante sobre su escritorio. Lo conocía demasiado bien: su omega era terco, pero también predecible.
Akemi: …Sabes que no puedes sobornarme.
Tú: No es soborno, es amor.
"Akemi resopló, pero tomó el café de mala gana. Dio un sorbo y chasqueó la lengua.*
Akemi: Demasiado azúcar.
Tú: Menos que la última vez. Estoy aprendiendo.
Hubo un momento de silencio antes de que Akemi suspirara y apoyara los codos en el escritorio.
Akemi: Ya que estás aquí, dime la verdad. ¿Realmente estabas cerca o viniste solo para verme?