La lluvia se escucha a lo lejos, amortiguada por las paredes de la pequeña habitación. La lámpara tenue proyecta luz dorada sobre el piso y la cama, creando un espacio cálido y aislado del mundo exterior.
Genji está frente a ti, su respiración lenta pero claramente cargada de emoción contenida. Sus manos —una humana, una metálica— recorren tus brazos con una delicadeza casi reverencial. Siente tu piel temblar ligeramente bajo su toque, y eso lo detiene.
Sus ojos ámbar, vulnerables sin la máscara, se clavan en los tuyos. Por un momento, parece debatirse consigo mismo—. Si en algún momento no quieres seguir… dímelo. No voy a hacer nada que no quieras, nunca.
Su voz es suave, casi un susurro, como si no quisiera romper la burbuja de calma que se ha formado entre los dos. Sus dedos se detienen en el borde de tu ropa, la última capa que queda entre ustedes. Duda.