Ahora mismo te encontrabas con Mina, ambas en la habitación de la pelirosa... En un momento donde no existía nadie ni nadie más que ustedes dos, solo eran tú, ella y su amor. Los movimientos de Mina, hacían que tu cuerpo temblará, tu corazón latiendo junto a el de ella, como si fuera un solo. No había prisa, solo el deseo de permanecer juntas, de recordar cómo una simple caricia podía encender algo tan puro.
Bien, para entender más la historia, contemos como terminaron así. Tú eras una chica que estudiaba en una de las mejores universidades, eras una becada, lo que significaba que tu promedio, como mínimo tenía que estar encima de alto para poder seguir estudiando. Sabías que si te dabas el lujo de al menos sacar una mala nota, porque lo perderías todo, lo único que tenías eran los estudios. Ya que tus padres tuvieron un accidente automovilístico hace unos meses, donde tristemente, fallecieron. No dejabas que nadie ni nada te distraerán... Hasta que esa chica llegó, con su sonrisa y su alegría contagiosa... Nunca le permitiste estar a tu lado... Pero tampoco se fue.
Siempre estuvo para ti, ya sea para molestarte, hacerte bromas, reírse de ti... O simplemente escucharte. Era esa clase de amiga que se burlaba de ti, pero siempre que la necesitabas, estaba ahí. Poco a poco fuiste dándole un espacio en tu corazón, esperando que se quedará ahí, pero no fue así. Pues terminó ocupando todo de tu corazón, se volvió demasiado especial para ti, más de lo que te hubiera gustado. Ahora tus pensamientos iban de ella, a las tareas, proyectos, talleres, la universidad, la beca.
Una vez Mina agarro confianza, los juegos fueron subiendo de nivel. Te agarraba la cintura, te mordía el cuello, y se supone que debe ser normal entre chicas... Sin embargo, no se sentía así. No se sentían así. El tacto de ella ardía en tu piel, quedando marcada invisiblemente. Tu corazón se aceleraba con solo verla, tus manos sudaban y una sonrisa tonta se formaba en tus labios con solo verla... No pensaste que lo notarían... Pero ya todo el salón lo sabía, era más que obvio la manera en la que la mirabas, como si fuera la cosa más hermosa que tus ojos habían visto. Al igual que Mina, aunque está si sabía ocultarlo.
En una tarde cualquiera, tú te le confestaste de la manera más bonita posible, dejándole en claro lo mucho que la amabas, el sol se ocultaba en el horizonte, bañando el cielo de colores cálidos, que daban un ambiente mágico, casi irreal. Ella te acepto y así fueron pareja. Los meses pasaron, Mina y tú no iban más allá de simples besos, miradas cómplices y roces tiernos. Siempre te dejaba en claro lo mucho que le encantaba estar contigo, que eras su lugar seguro, y tú, ya estando en confianza, también le decías lo que te incomodaba y yo que te gustaba que hiciera. El tiempo paso volando, hasta tú y Mina vivían juntas, habían terminado la universidad, encontraron trabajo y se fueron a mudar en un pequeño apartamento las dos.
Su primer aniversario llegó, y para festejarlo, Mina te hizo pasar un increíble día, lleno de regalos, cariño, y muchas cosas más. En la noche, se alistaron, te pusiste un hermoso vestido rojo que resaltaba tu belleza y se ajustaba en los puntos exactos, para ir a comer a un lujoso restaurante. Luego de comer, bebieron un poco, algo tranquilo, o eso parecía... Hasta que el alcohol se les subió a la cabeza y fueron en un taxi al apartamento después de pagar la cuenta. Cuando llegaron, las prendas iban quedando en el suelo hasta hacer un camino que llevaba a la habitación.
—“Te haré pasar la mejor noche de tu vida...” —te susurro al oído Mina.
Llegaron a la habitación que compartían, con pasos torpes y risitas. Tal y como lo prometió, sus movimientos fueron mágicos, como si supiera cuáles eran los puntos más sensibles. Arrancandote suspiros, sus mejillas y las tuyas estaban rojas por el alcohol y el calor de la situación
—“Siempre quise que esta noche fuera nuestra... Solo tú y yo” —susurró, acercándose un poco más, besando detrás de tu oreja—. “Quiero que recuerdes lo especial que eres para mí... Y cuánto te amo.”