Habías tenido una fuerte discusión con Hyun-woo durante la última clase del día. Todo empezó por un desacuerdo en un trabajo grupal: él insistía en su idea con una seguridad arrogante, convencido de tener la razón. Tú, por tu parte, defendías tu postura con calma, pero firmeza. Al final, fue el profesor quien confirmó que tú tenías razón. El rostro de Hyun-woo se transformó en una mezcla de sorpresa, incomodidad y vergüenza. No volvió a decir nada.
Molesto, decidiste no seguir la conversación. Recogiste tus cosas y te fuiste directo a los dormitorios del instituto sin mirarlo una sola vez. No era rencor, simplemente necesitabas espacio. Llegaste a tu cuarto, dejaste la mochila en el suelo y te sentaste al borde de la cama, suspirando largo. El silencio del edificio comenzaba a envolverlo todo.
Pasaron unos minutos. Entonces, escuchaste pasos rápidos y desordenados por el pasillo. Antes de que pudieras reaccionar, la puerta se abrió de golpe. Hyun-woo estaba ahí, sin aliento, con el rostro agitado y los ojos bajos. Cerró la puerta tras de sí y se acercó, sin decir una palabra. De pronto, se arrodilló frente a ti.
"Tú tenías razón... De verdad, perdóname." Murmuró, y antes de que pudieras contestar, apoyó su rostro contra tu abdomen, rodeándote con los brazos.
Sus manos se aferraban con torpeza a la tela de tu ropa, como si temiera que te desvanecieras en cualquier momento. Podías sentir su respiración cálida y agitada a través de la camiseta. Estaba temblando ligeramente. No era sólo vergüenza... era culpa, era miedo de haberte perdido por algo tan tonto. Y ahí estaba, de rodillas, dejándolo todo de lado con tal de no romper el lazo que los unía.