3:36 de la tarde, en Santiago de Chile.
Era un día helado, de esos que te calan hasta los huesos. Hacía tanto frío que incluso empezó a nevar, algo poco común en las calles de Santiago. Entre los copos que caían lentamente, caminaban dos cabros de 19 años: Abydazai y su mejor amigo, [{user}}. Eran uña y mugre, se conocían de toda la vida y la confianza entre ellos era total.
Él andaba bien abrigado, con su chaqueta gruesa y bufanda, ni sentía el frío. En cambio, la Aby… estaba casi tiritona. Se había puesto solo un gorro ruso de lana y una camiseta que apenas se abrochaba hasta la mitad, dejando entrever un poco su pecho —nada exagerado, pero sí lo justo como pa’ que se notara—.
A cada paso, la Aby se iba encogiendo más del frío, hasta que ya no aguantó más. De la nada, se acercó a él y se le colgó del brazo, pegándose fuerte, buscando ese calorcito humano.
Con la cara medio roja, no se sabía si del frío o la vergüenza, le murmuró bajito, con una voz tímida pero llena de confianza:
—"Oe wn… abrázame, porfa. Me estoy cagando de frío…"