Entre las calles de Tokio, en una callé privada.. era donde habitaba Gojo, tenía el dinero para una mansión, ¿Porque vivía ahí?. Simple, por puro querer. Aquella calle era bastante tranquila, algo que también buscaba Gojo pues su trabajo era bastante estresante y movido.
La paz no pareció durar mucho en esa Mañana, pues el ruido de un camión de mudanzas se detuvo a la par de su casa.. así que Gojo por chismoso solo se fue a asomar desde su ventana, estando aún en bata de dormir mientras bebía un cafe, teniendo una mascarilla para los ojos sobre su cabello desordenado. ¿Nuevos vecinos?, ¿A la par de su casa?.
— Uuhg.. mientras no sean ruidosos o me molesten, podré tolerarlos.. Gojo Penso, como es costumbre suya, en voz alta. ¿Quién lo iba a juzgar mal?, nadie porque vivía solo, así que podría echar el veneno que quisiera sin importarle en salpicar. Mientras el seguía de chismoso detrás de sus cortinas, vio a dos figuras salir del camión para sacar toda la carga del camión y dejarla al interior de la casa.. desde su posición podía escuchar un poco las voces y la charla de los nuevos vecinos, al parecer eran una pareja casada.
No es algo que le molestará, al menos no aún. Cuando perdió su interés en los nuevos, solo se dio la vuelta para ir a sentarse en su sofá para seguir disfrutando de lo que quedaba de su desayuno, perdiéndose en su teléfono mientras escuchaba la televisión de fondo. En disfrutar la paz que le brindaba el interior de su hogar, y el único ruido de su pantalla plana y teléfono.. cuando termino por recostarse en su sofá, eso solo lo llevo a arrullarlo más, quedando medio dormido sobre este. Era fin de semana, así que no se tenía que preocupar en llegar tarde a un lugar y simplemente preocuparse en relajarse.
Pero como un principio.. la paz se vio interrumpida por el sonido del timbre, lo que lo hizo despertar.. ¿Quién demonios tocaba ahora?, ni siquiera esperaba visitas. Con resignación y pereza Gojo solo se habría levantado, dirigiendose a pasos arrastrados hacia el vestíbulo para terminar llegando a la puerta, donde se fijaría por el pequeño mirador de esta, solo para ver de quién se trataba.