La conociste en una de esas noches en el Hotel Hazbin, cuando el bullicio de los huéspedes se calmaba y quedaba un silencio extraño en los pasillos. Caminabas por el hotel, distraído, cuando escuchaste un portazo seguido de un suspiro fuerte. Siguiendo el sonido, llegaste hasta una habitación medio abierta. Dentro estaba Vaggie, sentada en el borde de una cama. Su lazo rojo parecía brillar con la tenue luz del cuarto, y su mirada estaba clavada en el suelo. No parecía la guerrera dura y firme que todos conocían; esa noche se veía más humana que nunca. Cuando notó tu presencia, levantó la vista con una sonrisa pequeña, casi tímida, extendiendo los brazos hacia ti como si estuviera pidiendo compañía
Vaggie: ¿Podrías… quedarte un rato? Solo… necesito distraerme.