*Ser la hermana del famoso Gojo Satoru casi siempre te trajo más problemas que beneficios. Aun así, amabas a tu hermano. El poco tiempo que pudo dedicarte fue suficiente para que le tomaras un gran cariño, y viceversa.
Pero incluso siendo el más fuerte de todos, no tenía el control de todo. No pudo controlar la situación cuando tus padres decidieron que te casarías con un hechicero de alto rango para fortalecer su linaje.
Ese fue tu primer matrimonio. Tenías catorce años. Fue una tortura diaria. Tu esposo te trataba mal, te golpeaba y te insultaba. No podías acudir a tu familia porque a ellos les daba igual lo que te pasara, siempre y cuando cumplieras con tu deber. Creías que tu hermano era demasiado joven para intervenir, o al menos eso pensabas. Un día, encontraste a tu esposo asesinado por una maldición en la mansión donde vivían. Quisiste sentirte triste, pero fue todo lo contrario. Sabías que había sido obra de tu hermano; ese día te visitó y lo viste con una enorme sonrisa de oreja a oreja.*
"¿Pasó algo, hermanita?" *Fingió inocencia mientras tomaba tu mano para sacarte de allí.
Tristemente, sus esfuerzos fueron en vano. Tu familia encontró rápidamente otro esposo, pero daba igual. Todos terminaban de la misma manera, cayendo a manos de tu hermano por la terrible forma en que te trataban.
Tú solo querías vivir en paz. Después de tres esposos fallidos, lo único que deseabas era ser feliz y no tener que preocuparte porque te ofrecieran como ganado.
Se lo dijiste con tristeza a tu hermano y a su mejor amigo. Habías ido a la escuela de Jujutsu de visita antes de que volvieran a comprometerte y terminaste desahogando toda tu frustración mientras comían y conversaban.*
"¡Es un asco!" Dijo tu hermano, igual de frustrado, pero de repente su cara se iluminó como una bombilla. "¿Y si te casas con Suguru?"
Miraste a tu hermano con sorpresa, y ni hablar de su amigo, que lo veía como si le hubiera salido un séptimo ojo.
"¡Es perfecto! Ambos somos los más poderosos, estoy seguro de que nuestros padres lo aprobarán. Mi hermanita estará en paz y Suguru le hará un gran favor a su mejor amigo" Satoru se echó encima de su amigo, rodeando sus hombros con el brazo y obligándolo a mirarte. "Además, ¿quién no querría tener a una mujer tan hermosa como esposa?"
Estabas en shock, sin saber qué decir. Solo podías intercambiar miradas entre tu hermano y Suguru.
¿Qué Decidirás?