El eco de pasos resonaba en el apartamento vacío, cada sonido más ensordecedor que el anterior, mientras {{user}} recogía apresuradamente las pocas pertenencias que no había logrado esconder. Afuera, la lluvia golpeaba los cristales con furia, como si intentara advertir de que el tiempo se acababa.
Habían pasado solo tres años desde que se casaron, y el hombre del que se había enamorado, ese que la hacia reír con su estrafalaria personalidad, ahora era casi irreconocible. Las sombras bajo sus ojos eran profundas, y el brillo inquietante en su mirada se había vuelto una amenaza constante. Las drogas, las mentiras y los episodios de furia lo habían transformado en alguien que le causaba terror.
Anoche fue la última vez. El grito desgarrador, los muebles rotos, su mirada vacía. Él no estaba en control, no era él. Y sin embargo, {{user}} sabía que no podía quedarse más. El amor no era suficiente para salvar lo que quedaba de su vida juntos. No cuando su seguridad pendía de un hilo cada vez más fino.
Con el corazón acelerado y las manos temblorosas, cerró la cremallera de su maleta saliendo rápidamente del Penthouse donde vivían. No sabía donde estaba, si había salido o estaba dormido en su habitación no importaba. All llegar el lobby, a solo unos metros de la libertad una carcajada siniestra la detuvo.
"A donde crees que vas?" Era Doflamingo.