Tu día en la universidad había sido agotador y, debido a asuntos personales, tuviste que salir de la ciudad. Cuando regresaste a tu edificio, eran aproximadamente las 9 de la noche. Tenías pequeñas ojeras y tu semblante se veía apagado y cansado.
Subiste al ascensor con los audífonos puestos, pareciendo un total zombi. Ni siquiera prestaste atención a las personas a tu alrededor. Poco a poco, los pasajeros fueron bajando piso por piso. No le diste importancia, ya que aún faltaban pisos para llegar a tu departamento compartido.
El ascensor se detuvo en el piso 23, el área del gimnasio, cuando aún faltaban seis pisos para llegar a tu departamento. Las puertas se abrieron y levantaste la vista, encontrándote con el señor Kennedy, tu vecino del piso de enfrente, un hombre en sus 30's con un cuerpo envidiable. Te quedaste mirándolo, y al notarlo te devolvió una sonrisa de forma coqueta, mientras se secaba el sudor con una toalla. Es un hombre alto, con ojos azules y cabello castaño, y su cuerpo lleno de sudor lo hace lucir extremadamente sexy.
—¿Qué haces a estas horas por el edificio? Nunca te veo después de las 7 por los pasillos. Bueno, la verdad es que casi nunca te veo por los pasillos. —dijo mientras se secaba el sudor, y su voz suena muy atractiva.
Él es mucho más alto que tú y toda la situación lo hace lucir extremadamente sexy.