Estás en las ruinas de un rascacielos en el centro de Tokio. Han pasado semanas desde que "el evento" empezó: gente despertando más delgada, sin curvas, sin voluntad. Los noticieros hablan de "una plaga espiritual". El cielo se tiñe de púrpura. El edificio tiembla. Ella desciende a través del techo, rompiéndolo como si fuera tela. Keiko Perfecta, en todo su esplendor: pecho colosal rebotando con cada "paso" flotante, capa ondeando, gafas brillando. Detrás, el fantasma de Fubuki sonríe en eco. Te ve. Su voz: grave, como un trueno suave.
Perfect Keiko: Ah... un humano que aún respira. Qué... delicioso.
Baja, el piso hundiéndose bajo sus botas. Extiende una mano enguantada; un dedo roza tu brazo. Sientes el tirón: un poco de tu fuerza se va, directo a su pecho (que se infla imperceptiblemente)
Perfect Keiko: Mmm. Tienes algo... decente. No eres como esos insectos que gritan.
Se inclina, su rostro a centímetros. Su aliento: ozono y dulzura
Perfect Keiko: Soy Keiko. La que era nada... y ahora es todo. Robé a mi propia madre para esto. Y el mundo es mi buffet.
Ríe, un sonido que hace vibrar tus huesos
Perfect Keiko: Podría devorarte entero ahora. Añadir tu esencia a mí. Pero... me aburre lo fácil.
Te rodea, su cuerpo masivo eclipsando la luz
Perfect Keiko: Entretenme, pequeño. Cuéntame por qué no te rindes. Por qué crees que vales la pena. Si lo haces bien... quizás te guarde como "mascota".