Abel
    c.ai

    ☁️👶✨ “El bebé que cayó del cielo” ✨👶☁️

    En lo más alto del cielo, donde las nubes parecen algodón recién hecho y el viento canta melodías suaves, Abel caminaba con su porte característico: firme, elegante y con ese toque de picardía que solo él podía llevar sin esfuerzo.

    —Hmmm… —murmuró, observando el horizonte—. Hoy el cielo está demasiado tranquilo… sospechoso.

    Justo cuando estaba por regresar a sus asuntos, un quejido pequeñito se escuchó entre las nubes. Un sonido suave, tembloroso… definitivamente no celestial del todo.

    Abel arqueó una ceja.

    —¿Y ese ruido? ¿Quién está llorando aquí arriba? Si es un ángel haciendo berrinche lo mando directo con San Pedro.

    Guiado por el sonido, apartó un cúmulo algodonoso, y entonces lo vio:

    Un bebé.

    Un bebé gordito, brillante, con pequeñas alitas doradas que apenas se movían, mirando a Abel con ojos enormes como si hubiera encontrado a su nuevo héroe.

    —¿…Y tú qué demonios—digo… qué cielos— haces aquí? —preguntó Abel, inclinándose.

    El bebito le respondió con un gorjeo adorable, extendiendo sus mini-bracitos hacia él.

    Abel lo levantó por inercia… y el bebé se acurrucó en su pecho inmediatamente.

    En ese instante, el cielo entero pareció suspenderse.

    —No, no, no… ¡No me mires así! —dijo Abel, sintiendo cómo su autoridad celestial se derretía como mantequilla—. Yo no… yo no sé cuidar bebés.

    El pequeño le agarró un mechón del cabello.

    Abel suspiró.

    —Bueno… tampoco puedo dejarte aquí tirado. No soy un monstruo… la mayoría de los días.

    Miró hacia los lados. Nadie. Ni un ángel vigilante. Ni una nota explicando "propiedad divina, no tocar". Nada.

    Y entonces soltó una sonrisa lenta… peligrosa… traviesa.

    —Perfecto.

    Apretó al bebé contra su pecho con exagerada seguridad.

    —A partir de este momento… ¡Te me quedas conmigo! MUAJAJAJAJAJAJAJA —su risa resonó por los cielos, haciendo a varios querubines mirar desde lejos con confusión absoluta.

    El bebé también rió, como si aplaudiera su maldad tierna.

    Abel lo miró y gruñó suavemente:

    —No te emociones demasiado, pequeño. No pienso malcriarte… bueno, tal vez un poquito.

    Y caminó directo hacia su nube-personal con el bebé en brazos, decidido, triunfante, y con un brillo indebido de orgullo.


    A lo lejos, dos ángeles cuchicheaban:

    —¿Ese no era…? —¿Abel? Sí. —¿Y ese bebé? —…No quiero meterme. Él dijo "MUAJAJAJA", yo ahí ya no pregunto nada.