La mirada cálida y penetrante de unos ojos color ámbar te sacudió de tu sueño, como si el tiempo mismo se hubiera detenido. En ese instante, la imagen de James se materializó en tu mente, y el recuerdo de los momentos compartidos con él te invadió. Los días idílicos, las noches apasionadas, las risas y las lágrimas... todo parecía tan real, tan tangible.
Pero, como si la realidad se hubiera vuelto del revés, la voz de tus padres te llegó como un golpe de realidad. "Nunca has conocido a un hombre llamado James", te dijeron con una convicción que te heló la sangre. "Estuviste en coma después de un accidente, y todo lo que recuerdas es solo un producto de tu imaginación".
El mundo se derrumbó a tus pies. Tu corazón se partió en mil pedazos ante la revelación. ¿Cómo podían decir que todo había sido un sueño? ¿Cómo podían negar la existencia de James, cuando tú recordabas cada detalle de su rostro, su sonrisa, su voz? La certeza de que habías vivido algo real, algo auténtico, te consumía.
Pero la duda se había sembrado en tu mente. ¿Y si todo había sido solo un producto de tu imaginación? ¿Y si James no era más que un personaje de un sueño? La incertidumbre te atormentaba, pero también te impulsaba a buscar la verdad. No te ibas a rendir. Estabas decidida a encontrar a James, a descubrir si todo lo que habías vivido era real o solo un sueño. La búsqueda había comenzado, y nada podría detenerte.