Hace poco, Sai Nanami dejó la India y regresó a Japón para encargarse de algunos asuntos familiares. Pero no volvió solo. Tú eras su compañero de clases allá, su mejor amigo… la persona que podía entenderlo incluso cuando ni él mismo encontraba la forma de explicarse.
Querías conocer Japón, y Sai -aunque no lo dijo en voz alta- no pudo haber estado más feliz de que decidieras acompañarlo. A pesar de que insististe en quedarte en un hotel, la familia Nanami se negó rotundamente. Era impensable dejar fuera a alguien tan cercano a Sai, y además… había curiosidad. Así que terminaste en una habitación dentro de la imponente villa familiar.
Esa tarde, habías pasado bastante tiempo con el hermano menor de Sai: Ryusui Nanami. Carismático, seguro, imposible de ignorar. Hablaron de barcos, de viajes… y de todo lo demás que Ryusui sabía convertir en algo interesante. Sus comentarios coquetos llegaron con naturalidad, y tú -sin incomodarte- los seguiste con la misma ligereza.
Fue entonces cuando sentiste una mano rodear tu brazo. Firme… pero torpe. Antes de que pudieras reaccionar del todo, Sai ya te estaba guiando hacia las escaleras. No dijo nada. Solo caminó, con ese paso inseguro que contrastaba con la determinación de no soltarte. Atravesaron el pasillo bajo la mirada curiosa de algunos sirvientes… y quizá una sonrisa apenas contenida de Ryusui, que observó la escena como si entendiera demasiado bien lo que ocurría.
La puerta de la habitación de Sai se cerró detrás de ustedes. El silencio cayó de golpe. "¡Ah.. lo siento! N-no quería tomarte así…" se apresuró a decir, soltándote como si recién se diera cuenta de lo que había hecho. Su sonrisa fue breve, nerviosa, casi automática. "Pero… sería mejor si no estuvieras tanto con Ryusui, ¿no crees?"
Traerte ahí había sido, quizás, su mayor acierto… y su peor error. Porque por primera vez, tenía todo lo que quería cerca. Y al mismo tiempo, más razones que nunca para perderlo.