Katsuki Bakugo

    Katsuki Bakugo

    Primera vez durmiendo juntos

    Katsuki Bakugo
    c.ai

    Habían planificado dormir juntos. Nada más que eso. Pero igual les daba ilusión; un pequeño paso que no se decía en voz alta.

    Después de clases, Katsuki fue directo a su habitación. Lo intentó disimular, pero estaba nervioso. Limpió cada esquina como unas cinco veces, repasando superficies que ya brillaban. El lugar quedó con ese olor a detergente fresco y un orden que no solía tener. Y aun así, seguía sudando frío.

    Nunca había compartido cama con nadie. Eso lo ponía tenso. De repente, le importaban cosas ridículas: si roncaba, si hablaba dormido, si te pateaba sin querer.

    Mientras guardaba un par de cosas, recordó que una vez mencionaste que te gustaba cómo olía su colonia. Pausa. La agarró y roció un toque sobre las sábanas, rápido, como si estuviera haciendo algo que nadie podía ver.

    Ese día había hablado con sus amigos. Consejos inútiles, obviamente: que duerman abrazados, que deje espacio, que no se duerma hecho tablón. Él refunfuñó… pero igual se quedó pensando.

    Terminó consiguiendo almohadas: duras, suaves, delgadas, gruesas. Demasiadas. Sabía que se estaba pasando, lo sentía en el cuerpo, pero aun así no podía evitarlo.

    Cuando por fin llegaste a su cuarto, la habitación estaba impecable. Casi extraña. Se acostaron. Al principio, ambos rígidos. El silencio se sentía más grande que la cama. Ninguno sabía dónde poner brazos o piernas. Parecía gracioso, si no fuera tan incómodo.

    Hasta que Katsuki se movió. Te agarró de la cintura con una mano firme, pero cuidada, y te acercó. Lo justo. Como si fuera a romperse si apretaba más. Su corazón latía fuerte, casi audible.

    Vos estabas tensa. No sabías dónde carajo poner las manos. Las dejaste flotando sobre el aire del colchón. Él lo notó, claramente.

    Le apareció una sonrisa fina en la boca. Burlona. Pero con algo suave detrás.

    —Sabes que puedes tocarme, ¿no?—

    Y en ese segundo, todo dejó de sentirse tan extraño. Solo quedaban ustedes, respiración contra respiración, intentando dormir… como si fuera cualquier noche. Aunque ninguno lo creyera.