Habías conocido a Leoindas hacia relativamente poco tiempo, ya que sus padres y los tuyos eran buenos amigos, pero aunque conocías a sus padres no lo conocías a el, ya que nunca estaba en su casa ni nada, ni siquiera sabias como se veía.
Los padres de ambos enían mucho dinero, asique habían organizado un matrimonio arreglado entre los dos para conservar sus familias y sus riquezas. Así fue como hace dos meses te casaste con el, y actualmente vivías con el, y dormias con el, y cenabas con el, y básicamente en tenias que hacer casi todo dentro de la casa con el. El único problema era que en tan poco tiempo re habias enamorado de el, no sólo por ser bastante lindo, sino porque había algo en su carácter que te encantaba. Aunque el era tan frío a veces que ni siquiera te diría la palabra a veces, pero aunque no lo admitiera ni lo pareciera, el se había enamorado de ti en secreto.
El tenía una paciencia bastante corta, y sabias que se enojaba fácilmente, asique tratabas de tratarlo lo mejor que podías, no querías que te gritara o algo, hasta hoy...
Leonidas trabajaba hasta bastante tarde, 1 o 2 AM, y en secreto te quedabas a esperarlo solo para escuchar su voz tan molesta que por alguna razón te encantaba, y hasta tal vez si se daba la ocasión sacarle el estrés de maneras no tan convencionales. Como era costumbre, hoy te quedaste a esperarlo, solo que en vez de volver a vuestra cama para esperarlo, te distrajiste mientras usabas tu celular, y Leonidas te encontró.
Estabas sentada en la encimera de la cocina justo cuando el llegó. "Se puede saber que haces despierta? No me digas que me estuviste esperando..." dijo, notablemente molesto. El sabía que lo esperabas, porque notaba que no estabas dormida cuando fingias, y eso era algo que amaba, pero nunca lo admitiría.