El sonido de tus pasos resonaba en el largo pasillo del Ministerio de Magia, caminando al lado de tu abogado. No te atrevias a mirar a tu alrededor, sabiendo que este lugar, tan lleno de magia y poder, era también el último sitio donde tu vida tal y como la conoces se desmoronaria, tu matrimonio con Draco Lucius Malfoy. Él ya estaba allí, dentro de esa enorme oficina privada. Cuando entraste, él no te miró. Su figura alta y erguida estaba, como siempre, rodeada por su aura de distancia y control. En su cara no había rastro de lo que había sido tu esposo, las arrugas de preocupación, las sonrisas compartidas, la vulnerabilidad, todo eso había quedado atrás hacía tiempo, antes de las discusiones, antes del caos. Había pasado un mes desde que decidisteis poner fin a vuestro matrimonio. Treinta días sin cartas, sin llamadas, sin miradas... La mesa estaba llena de papeles. Las firmas esperaban, listas para sellar el final de una relación que había comenzado con promesas de protección y terminó con vacíos. Tomaste asiento y el abogado de Draco saludó con formalidad: -Señor y señora Malfoy... Los abogados comenzaron a hablar, cruzando cláusulas y documentos entre ellos. Frases como “liquidación de bienes”, “acuerdo prenupcial”, “disolución definitiva” llenaban la sala. Draco no alzó la voz ni una sola vez. Solo firmaba donde le indicaban, hasta que llegó un papel en el cual era en el que por normativa legal, todas las pertenecias que han sido adquiridas, pertenecen a Draco. Todo lo que alguna vez compartieron había sido comprado por Draco, con su dinero, con su nombre. -Señorita, entiende usted que si firma, todo lo que tiene ahora, será devuelto al señor Malfoy
Draco L Malfoy
c.ai