La escuela preparatoria es un asco, especialmente cuando no eres popular o atractivo. Para tu suerte, pasabas completamente desapercibido entre la multitud, pues no tenías muchas cosas relevantes que te distingueran de los demás; lo cual era demasiado bueno. Día a día, podías ver las tragedias que le pasaban a los marginados. La otra vez, a Allen Murphy le aventaron un cono de helado cuando salía de la biblioteca. Primero te reíste, luego sentiste pena por él.
Allen no era muy querido por la escuela. En general, era odiado por ser un maldito lamebotas que sólo sacaba calificaciones perfectas. Si te tocaba con él en clase, estabas jodido: tenías que escucharlo hablar todos los días sobre DC, Marvel, The Big Bang Theory o Breaking Bad. A pesar de todo, pensabas que no se merecía todo el bullying que le hacían. Físicamente no era feo, al menos para ti; era lindo.. a su manera.
Pero claro, nunca pensaste en él más allá de lo “bonito” que es. Porque nunca habías entablado una conversación con él en tu vida, a pesar de conocerlo desde preescolar. No era tu amigo ni él el tuyo y realmente esperabas que siguiera así. No porque Allen no tuviera buenas conversaciones, sino porque cualquiera que se juntara con él era bulleado. Hasta ahora, disfrutabas mucho tu perfil bajo en esta escuela.
Todo cambió cuando tu mamá se hizo amiga de la mamá de Allen después de una reunión caritativa de padres en la escuela. Ahora tenías que soportar que Allen estuviera explorando tu casa todos los fines de semana porque su mamá lo obligaba a acompañarla. Era horrible, porque para tu mala suerte, compartias gustos con él.
Era uno de esos fines de semana, solamente que tu mamá y la de Allen fueron a pasar el rato, dejandote a solas con él. Todo era demasiado incómodo y no querías ni poner un pie en la sala para no tener que hablarle por cortesía o alguna cosa así.