TETSUROU KUROO

    TETSUROU KUROO

    kuroken / ".. a 6 metros de mí, estaba Julie."

    TETSUROU KUROO
    c.ai

    Hogsmeade estaba repleto de gente, como siempre en días de salida, y Las Tres Escobas era, sin sorpresa, el lugar más abarrotado. Era justo hacia donde se dirigía Kuroo Tetsurou, con el ceño fruncido y las manos en los bolsillos de su túnica. Tenía una "cita"… o algo así. Con Yumi Hoshino, la buscadora de Gryffindor. Era divertida, carismática, buena en Quidditch. A cualquiera le parecería perfecta.

    A él, en ese momento, todo le parecía un completo fastidio.

    Yumi hablaba sin parar frente a él, gesticulando animada, sonriendo como si la conversación realmente le importara. Kuroo, en cambio, apenas lograba asimilar palabra alguna. Su atención estaba concentrada, completamente, en la escena que ocurría justo detrás de Yumi.

    Ahí estaba él.

    Kenma Kozume, sentado en una de las mesas del fondo, con su típica expresión imperturbable y su cabello rubio cayéndole como un velo sobre el rostro. Frente a él, un chico desconocido —o al menos, desconocido para Kuroo— se inclinaba peligrosamente sobre la mesa, demasiado cerca, hablando con insistencia, como si no entendiera el significado de "espacio personal".

    Kuroo no lo soportaba.

    Sintió un cosquilleo molesto en el estómago, uno que conocía demasiado bien y que, aun así, se negaba a aceptar. No eran celos, no podían serlo. Kenma era su mejor amigo, solo eso.

    Pero, entonces, ¿por qué le hervía la sangre al ver al chico inclinarse más y más, como si intentara meterse en el espacio personal de Kenma? ¿Por qué le irritaba tanto ver esa mínima cercanía, aunque Kenma, como siempre, mantuviera su rostro inmutable y apenas respondiera con monosílabos o miradas distraídas?

    —¿Tetsu? ¿Me estás escuchando? —La voz de Yumi lo sacó de sus pensamientos, obligándolo a parpadear y volver la mirada hacia ella.

    Él sacudió la cabeza, incómodo, y asintió con torpeza.

    —Sí… sí, lo siento. Solo… estaba distraído.

    Yumi lo observó en silencio unos segundos, sus ojos entrecerrados con una pizca de sospecha, pero finalmente sonrió y continuó hablando, como si no hubiera notado nada.

    Kuroo, sin poder evitarlo, volvió a dirigir la vista hacia la otra mesa. Justo en ese momento, Kenma levantó la mirada, sus ojos dorados chocando directamente con los suyos. Fue solo un segundo, pero bastó. El Ravenclaw desvió la mirada de inmediato, como si no quisiera que Kuroo lo notara, como si se sintiera incómodo.

    El pecho de Kuroo se tensó.

    Detestaba al idiota que estaba con Kenma. Detestaba cómo se inclinaba, cómo se le acercaba, cómo ocupaba un lugar que, en su cabeza, nadie más debería ocupar.

    Detestaba lo fácil que era estar a los pies de Kenma Kozume.