El aeropuerto estaba lleno. Flashes por todos lados, gritos que dolían más que las palabras que ya habías leído en redes. La gente hablaba, grababa, inventaba… y tú solo querías desaparecer.
Tú caminabas junto a BangChan, la cabeza agachada, la gorra cubriéndote parte del rostro, los lentes y el cubrebocas como una barrera entre tú y el mundo. No porque no amaras o quisieras esconderte de tus fans, sino porque ya estabas cansada de dar explicaciones sobre cosas que ni siquiera eran ciertas y todo era… demasiado.
Chan, en cambio, tenía esa serenidad que solo él podía mantener. Saludaba, sonreía, hacía pequeños gestos con la mano mientras no soltaba la tuya ni un segundo. Sus dedos se entrelazaban con los tuyos con firmeza, pero cada tanto miraba de reojo para asegurarse de que siguieras bien.
Los flashes se intensificaron cuando ambos cruzaron las puertas principales. Los guardias abrieron paso, las voces se mezclaban con el clic de las cámaras y las preguntas sin respuesta. Tú te inclinaste un poco hacia él, solo queriendo llegar a la camioneta y desaparecer del caos. Él lo notó enseguida; su pulgar rozó el dorso de tu mano, una pequeña caricia que te hizo levantar la vista.
—"Tranquila… ya casi llegamos, estoy contigo"
Murmuró, sin dejar de caminar, con una voz tan suave que solo tú pudiste escucharlo. Los paparazzis gritaban tu nombre, queriendo una reacción, una palabra, cualquier gesto que pudieran usar después. Pero tú no dijiste nada. Bajaste la mirada y apretaste su mano con fuerza.
—"No digas nada… déjalos hablar. Yo sé quién eres, y eso basta."
Sus palabras te desarmaron un poco. Y mientras los guardias abrían paso hasta la camioneta, tú respiraste por fin.