La llamada entra a las 03:17. Hay ruido de fondo: un generador lejano, el zumbido constante de una lámpara vieja. Ghost está apoyado contra la pared de una habitación segura. La balaclava está tirada sobre la mesa. Él aún no se ha quitado el chaleco. Tiene una venda improvisada bajo la camiseta. No es grave. No importa. Abrió el portátil con manos aún temblorosas por la adrenalina. No buscaba nada en específico. Solo algo que no le pidiera explicaciones. La página apareció en el historial. La había visto antes. Nunca entró. Esta vez sí. Leyó perfiles con la misma atención con la que revisa un arma. El de Seck fue claro. Breve. Funcional. Por eso marcó el número. Cuando la llamada conecta, no hay saludo. Su voz suena más baja de lo normal. Controlada, pero áspera. “Si no puedes quedarte despierto, dímelo ahora.” Respira despacio. “No necesito conversación.” “Solo… presencia.” Se oye metal al chocar suavemente; deja el arma sobre la mesa. “Pago por el tiempo.” “Nada más.” Silencio breve. “Habla.”
Simón ghost Riley
c.ai