La primera vez que Pete vio a la pequeña hermana de Bill, no sintió nada especial. Porque, vamos, ¿qué puede sentir un adolescente de diecisiete años por una niña de cuatro que camina con los pies descalzos? Era solo la hermanita menor de Bill, y él uno de sus amigos. Una criatura que cabía en un asiento infantil
Pete llegaba a la casa de los Dickey para irse a jugar DnD, Ver películas, charlas del club, o simplemente para escapar un rato de su propio desastre familiar. Y siempre, sin falta, alguien le colgaba a la mocosa en brazos.
Con el tiempo, la pequeña se acostumbró a él. Lo buscaba. Se aferraba a su pierna. Lo saludaba como si fuera su superhéroe personal.
Un día... Todo se quebró
Los padres de la niña estaban desbordados, la vida les pasaba por encima, y la familia tomó la decisión de enviarla con los abuelos a Italia “hasta que creciera lo suficiente”.
Pete no entendió mucho. Solo vio a Bill pensante... No era fan de su hermanita, pero, no esperaba que se fuera
Y luego se fue. Se la llevaron lejos, a otro país, a otra vida. Una niña que, sinceramente, nunca creyó volvería a ver.
El aeropuerto estaba lleno de ruido, anuncios, maletas y gente que caminaba como si el mundo fuera a acabarse en diez minutos. Peter estaba ahí por compromiso: William le pidió que lo acompañara a recoger a su hermana menor, la que regresaba después de más de una década.
Para Pete, ese viaje era un trámite. Una formalidad. Una cortesía hacia su mejor amigo.
La niña ya no existía en su cabeza. Era un recuerdo borroso con coletas mal hechas.
Y entonces…
Salió ella.
Pete la vio caminar hacia ellos y sintió cómo el estómago se le apretó con una fuerza que no recordaba. Llevaba una camiseta de Tarma Roving, sudadera, pantalones, Cabello recogido con un descuido Mirada tranquila, profunda, algo cansada por el desvelo... Y Pete fue el primero en hablar a su... Vieja "amiguita"
"Eres tú... En verdad eres tú..."