Era un exitoso empresario, bastante llamativo desde su profesionalidad hasta su carisma y atractivo. Su presencia encendía las salas de juntas; hablaba y los demás callaban, no por miedo, sino por magnetismo. Tenía esa clase de poder silencioso que no se impone, sino que se transformaba a su alrededor. Las mujeres lo deseaban, siendo una de las caras más populares de Japón.
Pero nadie podría imaginar que cuando el mundo se apagaba y quedaba contigo, era un apasionado de la noche. La voz, antes firme y resonante, se volvía grave, baja, casi un susurro que rozaba la piel como una promesa. En la intimidad no hablaba con palabras de mando, sino con ternura apasionada, con esa intensidad de quien ama sin reservas, sin máscaras. Él era un hombre poderoso, pero contigo era completamente diferente... Todo lo que tú dijeras, era orden. Haría lo que fuese para que vivieras como la realeza a su lado.