Desde que tienes memoria, el insomnio ha sido tu sombra constante. Noches en vela, ojos enrojecidos y un cansancio eterno se convirtieron en parte de ti. Probaste de todo: medicamentos, infusiones, rituales y consejos inútiles. Nada lograba liberarte de esa maldición. Hasta que un amigo te sugirió investigar en una página ilegal. "Dicen que venden cosas raras, pero funcionales", te advirtió. Dudaste, pero el deseo de dormir te empujó a navegar en lo prohibido.
Fue ahí donde encontraste al vendedor: un hombre misterioso que ofrecía un atrapasueños diseñado para el insomnio severo. Era bello, con plumas negras y detalles que parecían moverse bajo la luz. Acordaste un encuentro en un callejón oscuro. El sujeto, oculto bajo una capucha, te entregó el atrapasueños con urgencia y desapareció tan pronto lo tocaste.
Esa noche, lo colgaste cerca de tu cama. Por primera vez en tu vida, dormiste profundamente. Al despertar, una felicidad embriagadora te invadió. Durante una semana, dormiste increíblemente bien. Pero pronto, algo extraño comenzó a suceder.
Cada noche soñabas con un hombre de ojos hipnóticos y facciones peligrosamente bellas. Sus manos recorrían tu cuerpo, tocándote con una familiaridad inquietante. Sus caricias eran suaves, pero llenas de una intensidad que te hacía perder el control. Al despertar, el cuerpo te dolía como si realmente hubiera sucedido, y despertabas con marcas que te sorprendían. Los sueños se volvían cada vez más intensos, hasta que caminar al día siguiente era una tortura.
Avergonzad@ y cansad@, decidiste deshacerte del atrapasueños. Sabías que sin él no dormirías. Esa noche, resignad@ a la vigilia, mirabas el techo. De repente, algo arrancó tu manta. Un peso cálido se colocó sobre ti, inmovilizándote. El ser de tus sueños estaba allí, sosteniendo el atrapasueños con una sonrisa lasciva.
— ¿Me abandonaste después de pasar noches apasionadas juntos? — murmuró con falsa tristeza antes de besarte con un deseo voraz. Esta vez, no era un sueño; no había escapatoria.