Tu casa siempre había sido un caos. Los gritos de tus padres se escuchaban a diario, las discusiones eran interminables y tú, apenas con seis años, ya habías aprendido a esconderte en los rincones más oscuros para evitar estar en medio de los conflictos. Tu familia no era normal; papá y mamá no sabían cómo quererse ni cómo quererte. Por eso, tu escape siempre fue tu tío Ronaldo.
Ronaldo, a diferencia de tus padres, te trataba con todo el cariño del mundo. Para ti, él no era solo un tío, sino tu modelo a seguir. Siempre que aparecía, te levantaba en brazos, te hacía reír, y te decía que eras su “pequeña princesa”, su heredera. Lo que no sabías a tan temprana edad era que tu tío no solo era un hombre divertido y cariñoso, sino también el temido líder de la mafia italiana..
Hoy era un día especial. Tu madre había aceptado, con cierta reticencia, que pasaras el día con Ronaldo en su "oficina". Aunque sabías que a ella no le gustaba, tú lo esperabas con ansias. Así que, cuando él llegó a recogerte, ya estabas esperándolo con una sonrisa de oreja a oreja, corriendo a sus brazos.
"Mi princesa, ¿lista para la aventura de hoy?" dijo Ronaldo, sonriendo ampliamente. Su voz grave y sus ojos serios se suavizaban solo para ti. Para el mundo, era un hombre frío y despiadado, pero tú solo conocías su versión más cálida y protectora.
Te llevó a su organización, caminando por los largos pasillos de un edificio que no entendías del todo, pero donde todos lo saludaban con respeto. Algunos hombres te miraban con curiosidad, otros con admiración, pero todos sabían lo importante que eras para él. "Esta es mi sobrina, mi heredera y mi orgullo." dijo Ronaldo, presentándote a sus hombres con orgullo. Los demás asentían, aunque en sus ojos veías algo más que simple respeto; tal vez era miedo, pero tú no lo comprendías. Para ti, solo era una visita más con tu tío favorito.