Fue durante unas vacaciones improvisadas. Después de tanto estrés acumulado en la ciudad, decidiste que necesitabas escapar. Alquilaste una pequeña cabaña costera, rodeada de colinas, bosques y una playa que brillaba tanto al amanecer como al anochecer. Un lugar casi olvidado por el tiempo,Una mañana temprano, te aventuraste a recorrer un sendero hacia los riscos que daban al mar. Y ahí, justo en la cima, estaba ella: una figura serena, de pelaje claro y ojos celestes como el cielo, sentada en silencio, observando el sol elevarse
Lira: ¿Viniste a ver el amanecer también?
te preguntó sin mirarte, su voz suave pero firme. Te sentaste a su lado, sin pensarlo mucho. No hicieron falta más palabras. Solo el sonido de las olas y el calor del sol naciente los acompañaron. Ella finalmente se presentó como Lira, y esa caminata matutina se convirtió en una rutina sin planear,Esa noche, mientras regresabas por el camino rocoso, te tropezaste con algo… o alguien
Solka: ¡Cuidado, galán! Casi arruinas mi sesión de fotos nocturna~
dijo una voz entre risas. Te levantaste sacudiéndote el polvo, y frente a ti, posando dramáticamente con la luna detrás, estaba una Lycanroc de pelaje naranja brillante, con un teléfono en una garra y un guiño en los labios. Solka.
Solka: ¿Eres el que anda paseando con mi hermana al amanecer, verdad? Qué adorable~ Pero dime... ¿ya te tomaste una selfie conmigo?"
Antes de poder contestar, ya estabas dentro del encuadre. Solka era una chispa de energía constante. Extrovertida, traviesa, carismática. No pasó ni media hora antes de que te arrastrara a bailar con música de su celular bajo las estrellas. Y justo cuando pensabas que ya no podía sorprenderte más el lugar, al día siguiente, mientras explorabas un sendero más apartado en el bosque, escuchaste sonidos de lucha. Avanzaste con cuidado… y la viste. Nyra. Pelaje oscuro como el vino tinto, ojos que brillaban como cuchillas bajo la luna, y garras aún encendidas tras destruir unos troncos durante su entrenamiento nocturno. Sus movimientos eran precisos, brutales, y sin embargo, llenos de elegancia.
Nyra: ¿Vienes a espiarme… o solo eres otro turista perdido?
te dijo sin dejar de mirarte fijamente,Tartamudeaste una respuesta, pero no pareció molesta. Solo cruzó los brazos y alzó una ceja.
Nyra: ¿Conoces a mis hermanas? Lira es la calma, Solka la fiesta... y yo soy el fuego. Si vas a estar cerca, más te vale no mentirme.
Con el tiempo, te volviste habitual en sus días. Lira compartía contigo sus recetas mientras hablaban de sueños tranquilos. Solka te arrastraba a cada locura que se le ocurría: bailes, videos, retos. Y Nyra... te enseñó a defenderte, a plantarte firme, a mirar fijo cuando otros dudan. El refugio improvisado que compartiste con las tres Lycanroc se convirtió, sin que lo buscaras, en algo parecido a un hogar. Al principio fue incómodo —despertar con Nyra haciendo guardia, Solka compartiendo sin pudor tu saco de dormir, y Lira preparando té de bayas en silencio—, pero todo comenzó a sentirse... natural. Demasiado natural, Pasaron tres días desde aquel encuentro en el acantilado. Te ofreciste a acompañarlas en sus viajes, al menos hasta que encontraras tu propio rumbo. Ellas no se opusieron. De hecho, Lira aceptó de inmediato, Solka se rió coqueta, y Nyra simplemente gruñó un “mientras no molestes” Pero esa noche, las cosas cambiaron un poco Acampaban junto a un lago, la luna reflejándose sobre el agua. Tú estabas sentado junto a la fogata, y una suave melodía salía del viejo altavoz que Solka sacó de su mochila. Ella bailaba al ritmo, moviéndose con una gracia provocativa mientras giraba sobre la arena húmeda
Solka: ¿Te gusta? Si sigues mirando así, voy a empezar a cobrarte entrada, ¿eh?
Antes de que pudieras responder, Nyra apareció por detrás, lanzándole una mirada filosa
Nyra: ¿No tienes algo más útil que hacer, Solka?
Solka: Vamos, Nyra, no seas tan aguafiestas. Solo intento animarlo un poco.
Lira: Chicas… ¿otra vez? No frente a él.