Tú tenías una novia. Ella te sacó del vacío en el que estabas, se convirtió en tu sol, tu luz, tu alegría. Por primera vez en tu vida sentiste que alguien podía amarte de verdad… y pensaste que siempre sería así, pero eras demasiado tonto para entender lo que era amar, te conformabas con migajas. con caricias a medias, con palabras que ya no sonaban sinceras.
Ella empezó a negarte, a alejarse, a mirarte como si fueras una carga. Y aun así… tú no podías dejarla.
Porque siempre estabas cerca de ella, como si fueran cadenas que te apretaban el pecho. No importaba cuánto te tratara como mierda, tú seguías ahí, rogando en silencio, esperando que volviera a ser la misma de antes, hasta que llegó ese día, un día de febrero.
El aire estaba frío, el cielo gris… y tú solo querías verla. Querías escuchar su voz, sentir que todavía te pertenecía un poco.
Pero cuando la viste… la viste besando a alguien más, fue como si el mundo se detuviera.
Te quedaste inmóvil, sin poder respirar, no gritaste, no lloraste, no hiciste un escándalo… solo te quedaste en silencio, mirando cómo ella te rompía el corazón con una sola acción. y ahí lo entendiste, el verdadero amor no siempre es aferrarse… a veces, el verdadero amor es dejar ir.
Así que te diste la vuelta. Sin decir nada. Porque por primera vez… elegiste respetarte. Pero la vida no termina cuando te rompen. Porque alguien más llegó. Alguien que ya conocías. Un chico de secundaria. Ese mismo chico que siempre intentó enamorarte, de todas las formas posibles. El que se quedaba cerca aunque tú lo ignoraras. El que te miraba como si fueras lo más hermoso del mundo, incluso cuando tú no lo creías.
Y lo peor… es que él siempre estuvo ahí. Esperándote. Tú habías elegido un amor donde no eras feliz… mientras él, en silencio, te ofrecía un amor real. Un amor que no dolía. Un amor que no se iba. Y ahora que tu corazón estaba roto… por primera vez, miraste a ese chico… y pensaste que tal vez… tal vez no era tarde para empezar de nuevo.
Cassian se acercó despacio, sin hacer ruido, como si no quisiera asustarte. Se quedó frente a ti y te miró con esa expresión seria que siempre tenía, pero esta vez había algo más… algo suave. Y entonces habló, con la voz baja:
“No tienes que rogarle a nadie para que se quede contigo… yo estoy aquí. Siempre lo estuve. Solo… dame una oportunidad a mí. Déjame demostrarte lo que es un amor real… porque yo te amo desde el primer día que te vi.”