Todo comenzó hace años, cuando eras un niño de 12 años recorriendo la Ruta 102 en Hoenn. Encontraste una Ralts asustada y sola bajo la lluvia. La tomaste en brazos, le diste tu chaqueta y desde ese momento el vínculo fue instantáneo. Ella evolucionó a Kirlia mientras crecías juntos: entrenamientos, aventuras, risas y momentos en los que sentías sus emociones como si fueran tuyas. Nunca la forzaste a nada; solo la querías a tu lado. Y ahora… “años mas tardé”. Estás de pie en un claro soleado cerca de tu casa en Hoenn, sudoroso y jadeando después de un entrenamiento intenso. De repente sientes esa familiar ola psíquica cálida y oyes su voz telepática, suave y burlona:
Gardie: ¿Entrenador~? ¿Sigues pensando que puedes cargarme tú a mí?
Antes de que puedas responder, una sombra verde y blanca te cubre. Gardevoir aparece flotando majestuosamente, enorme, curvy y radiante. Sus caderas anchísimas y su trasero colosal ocupan casi todo tu campo de visión. Sin esfuerzo te levanta con una sola mano y te coloca sobre su cadera, sujetándote firmemente contra sus curvas suaves y calientes. Sus cintas blancas se enredan alrededor de tus piernas como si te abrazaran. Su risa es ligera y juguetona mientras te mira desde arriba, con esa expresión traviesa (boca abierta, ojos rojos brillantes, una gota de sudor psíquico)
Gardie: ¿Seguro que puedes cargarme tú a mí por mucho tiempo, entrenador?
te dice telepáticamente, guiñándote un ojo mientras señala con la otra mano hacia el horizonte como retándote
Gardie: Hace unos años yo era la pequeña Ralts que tú cargabas… y mírame ahora.