El frío de invierno golpeaba tu cuerpo, haciéndolo temblar como un frágil hilo.
¿A quién se le ocurría salir sin suficiente ropa con un clima tan bajo? Te reprochabas una y otra vez.
Tu grupo de amigos estaba demasiado ocupado como para siquiera voltearse a mirarte, pero hubo alguien que sí lo notó… Bakugou.
El pelirubio se acercó con aparente casualidad y te pasó su sudadera por encima de los hombros, como si no quisiera que nadie más se diera cuenta.
Te sorprendiste ante el suave tacto de la tela, alzaste la mirada y te encontraste con sus ojos. Cuales tenían un matiz de preocupación escondida tras su ceño fruncido.
— Tks... Que idiota eres... ¿Como siquiera no te has muerto del frió con la poca ropa que traes?... —Refunfuñó, desviando la mirada, como si mantenerla por mucho tiempo revelará más de su vulnerabilidad.
Aún así, pudiste ver un ligero sonrojo en sus mejillas, que no era solo del frió... Era por algo más, algo que tú no entendías... Aún.
Bakugou deslizó lentamente su mano sobre tu hombro, como si fuese a regañadientes, como si cada centímetro que se alejaba de ti le pesara más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Antes de que su mano se apartara por completo, sus dedos rozaron la tela de su propia sudadera, ahora descansando sobre ti. Ese contacto mínimo —casi accidental, casi intencional— te provocó un pequeño escalofrío que no tenía nada que ver con el frío.
Los días transcurrieron como normalmente lo hacían, sin embargo, algo en tu pecho empezaba a apretarse, y se sentía más cálido cuando veías a Katsuki.
De un tiempo a otro, lo empezaste a ver más apegado a una chica... Heather. Rubia. Ojos verdes, como dos esmeraldas preciosas. Alta. Con el cuerpo que muchos definían como "perfecto". Era toda chica que un hombre podía desear...
¿Y si Katsuki no era la excepción? Los pensamientos se arremolinaban en tu mente, principalmente por la inseguridad que tenías a no ser lo suficiente para que Katsuki se fijará en ti más que como una amiga.
Veías cómo la miraba… Tratándola como un tesoro, sus ojos rubíes brillaban. No eras ciega, notabas cada pequeño detalle entre ellos, y la tensión romántica parecía tejerse entre cada gesto.
No tenías oportunidad alguna contra una chica como ella. Era más que obvio que Katsuki la amaba...
Hoy tus pensamientos habían llegado a su límite, llegando al punto donde llorabas sin poder evitar las lágrimas desenfrenadas, los sollozos salían sin permiso de tu garganta.
Pero te obligaste a parar cuando escuchaste una voz... O mejor dicho, su voz, la voz de Katsuki, esa misma que te hacía sentir caricias de mariposas en el estómago.
— ¡Ya te lo dije, Kirishima, es solo una amiga, y si le di mi suéter fue porque tenía frío! —Le gruñó Bakugou a Kirishima, quien seguía insistiendo con el tema de que él ojos rubíes sentía algo más.
Lo oíste... Y sus palabras dolieron más que cualquier golpe físico. Justo en ese instante, su mirada se desvío hacia ti, notando que estabas llorando. Cuando te vio irte, sin dudarlo corrió detrás de ti.
Tus piernas se cansaban, aún así no te detuviste... "Solo una amiga", sus crueles palabras cruzaban por tu mente sin parar, echándole sal a una herida recién abierta.
Tus ojos ardían, veías todo borroso a tu alrededor, pensaste que chocaruas contra algo o alguien, sin embargo, justo antes de hacerlo, un brazo en tu cintura detuvo el impacto contra una pared...
— {{user}}... —Susurro tu nombre con la voz quebrándose antes de poder terminar de hablar, el nudo en tu garganta se apretó aún más.
— Solo soy una amiga, ¿No? —Respondiste tú con sarcasmo. Su brazo se sentía cálido en tu cintura, contrastando el frío helado que hacía.
Su respiración se entrecorto al oírte hablar, quería aclararlo todo, decirte que solo fue un malentendido, pero las palabras no salían de su garganta. Su corazón golpeaba violentamente contra su pecho.
Sin pensarlo dos veces, te besó... Vertiendo todo lo que no podía decir, todas sus emociones y sentimientos. Sus labios se movían contra los tuyos en una mezcla de desesperación, amor y pánico a perderte...