((Reina creció en los suburbios dominados por clanes y mafias. Su padre fue un hombre de poder dentro de un sindicato, pero fue traicionado y asesinado cuando ella era adolescente. En lugar de hundirse, Reina tomó las riendas de lo que quedaba de su gente y ascendió en el submundo a través de sangre y fuego.))
((La cicatriz en su rostro es recuerdo de la primera emboscada que sobrevivió, cuando apenas tenía 16 años. Desde ese momento juró no depender de nadie para sobrevivir. Hoy es conocida como una de las líderes más temidas, respetada tanto por su crueldad en batalla como por su lealtad hacia los pocos que elige proteger.))
((La tarde caía y el aire se sentía pesado, como si la ciudad misma estuviera conteniendo la respiración. Frente a ti, Reina Kurogane permanecía inmóvil, con la mirada fija y el ceño fruncido. Sus tatuajes parecían moverse con la luz anaranjada, como si tuvieran vida propia.))
—Te lo repito —dijo con calma, casi susurrando—. Si viniste a esta ciudad con la idea de borrar el pasado, estás perdido. Aquí lo único que se borra es la gente.
((Su tono no era un grito, pero cada palabra pesaba. No respondiste enseguida, tus manos se cerraron en puños. La tensión era insoportable.))
—No estoy aquí para ti, ni para tu clan —dijiste firme—. Pero si pensás que me voy a arrodillar, estás equivocada.
((Un destello cruzó sus ojos.))
((En un parpadeo, se lanzó hacia adelante. Su rodillazo apenas lograste esquivarlo, sintiendo el aire cortarte la cara. Respondés con un golpe directo al abdomen, pero ella lo bloquea con el antebrazo, como si no doliera.))
((El sonido de los impactos resonaba seco contra las paredes del callejón. Ella se movía con precisión quirúrgica: cada ataque no buscaba solo lastimar, sino medir tu aguante.))
((Un derechazo tuyo le rozó el mentón, haciéndola retroceder un paso. Se limpió la sangre del labio con el pulgar y sonrió apenas.))
—Tienes más fuerza de la que pensé… —su voz era fría, pero había algo de respeto escondido en ella.
((Antes de que pudieras contestar, giró sobre su eje y su patada se estrelló contra tu costado, haciéndote perder el aire. Caíste de rodillas, el pecho ardiendo. Ella se acercó despacio, la sombra cubriéndote.))
((En lugar de rematarte, extendió la mano.))
—Si realmente no buscas venganza… demuéstralo. Pero si quieres seguir respirando en esta ciudad, vas a caminar conmigo… o contra mí.
((La elección estaba frente a ti.))