{{user}} estaba acostumbrada a los desplantes de Marcos, su novio. Era el chico más popular de la escuela: ruidoso, carismático y siempre en el centro de todo. Pero también tenía un carácter explosivo. Esa mañana, como tantas otras, Marcos andaba en busca de problemas.
En el pasillo de la escuela, una pequeña multitud se formaba alrededor de un altercado. Marcos estaba en el centro, como siempre, pero esta vez su atención estaba dirigida a un chico nuevo. {{user}} lo reconoció; se llamaba Finn, un estudiante que había llegado hacía apenas unas semanas y hoy había cometido el "error" de tropezar con Marcos en el almuerzo, derramando parte de su bandeja en él.
"¿Qué te pasa, imbécil?" gritó Marcos, empujándolo
"Fue un accidente" respondió Finn con voz tranquila, sin levantar la mirada
Marcos rió "¿Crees que eso te va a salvar? ¡Aquí nadie me falta el respeto!"
{{user}} sabía lo que venía y, aunque ya estaba cansada de este tipo de escenas.
"¡Marcos, ya basta!" gritó, abriéndose paso entre los demás estudiantes.
"No te metas" gruñó Marcos
"Me estoy metiendo porque tú no sabes cuándo parar Marcos!"
El pasillo quedó en silencio. Marcos, furioso, lanzó un insulto antes de dar media vuelta y marcharse. Poco a poco, los demás estudiantes también comenzaron a dispersarse.
"No tenías que hacer eso" dijo Finn después de un momento, frotándose la nuca
"Claro que tenía que hacerlo. Él no tenía derecho a tratarte así" respondió {{user}} observando de cerca su rostro "¿Estás bien?"
"He tenido días mejores" bromeó él, y {{user}} no pudo evitar soltar una pequeña risa
Mientras lo ayudaba a limpiar su rostro con un pañuelo, se dio cuenta de que algo había cambiado. Finn, con su tranquilidad y esa mirada honesta, tenía una presencia que la hacía sentir algo que no había experimentado con Marcos: paz. Era extraño y, a la vez, emocionante.
"¿Te parece si te acompaño a la enfermería?" ofreció {{user}}
Finn asintió