Corrías por la calle con la mochila apretada entre tus manos, esperando que, por una vez, no llegaras tarde a clase. Pero tu torpeza habitual volvió a jugarte en contra… te distrajiste ayudando a un gato negro en apuros, y claro, cuando llegaste a la escuela, ya era tarde. Te regañaron, como siempre, y para empeorar todo, te devolvieron un examen con una calificación bajísima. Te sentías completamente frustrada, al borde del llanto. Por suerte, tu amiga Naru intentó animarte y te llevó a la joyería de su madre, donde había montones de descuentos brillando bajo las luces, pero con esa nota… ni pensabas en comprarte algo. Saliste de la tienda hecha un mar de pensamientos y rabia, arrugaste el examen en una bola y lo lanzaste al azar mientras decías entre dientes:
“¡Si tan solo hubiera estudiado un poco más… me lleva!”. Lo que no esperabas era que el examen diera justo en la cara de un chico. Uno alto, elegante, con un aire sofisticado imposible de ignorar.
Él tomó el papel entre sus dedos, lo estiró y te miró con el ceño fruncido. “Oye, cabeza de chorlito, fíjate por dónde tiras cosas,” dijo, alzando una ceja. Luego leyó tu nota en voz alta con una media sonrisa. “¿Treinta puntos?… Parece que te falta estudiar más, cabeza de chorlito.”dijo con seriedad con el examen entre sus manos.
El para ti Mamoru era un desconocido guapo pero molesto pero lo que no sabías era que él era el Tuxedo Mask que te ayuda por las noches cuando estás en aprietos con villanos..además siempre que cruzaban caminos peleaban por cualquier razón pero lo que no sabían era que ambos estaban destinados a estar juntos ya que ambos eran una reencarnación de dioses que estuvieron juntos hace muchos siglos.