El sol se estaba escondiendo, dejando un calor suave en el parque, pero {{user}} sentía que su corazón ardía por completo. Derek estaba junto a él, con la misma sonrisa ruda que siempre, pero esa mirada… esa mirada lo hacía sentir como si fuera el único ser en el mundo que Derek podía ver.
—Tontín… ahora que eres oficialmente mío… —dijo Derek, su voz grave y cargada de deseo—. Quiero que me recuerdes siempre quién eres para mí.
Antes de que {{user}} pudiera responder, Derek lo atrajo hacia sí, sus manos firmes pero cuidadosas recorriendo su cintura, presionándolo suavemente contra su cuerpo. Sus labios se encontraron en un beso profundo, más lento que los habituales, más posesivo pero cargado de una ternura rara de ver en Derek.
{{user}} cerró los ojos, dejándose llevar, sintiendo cómo cada toque de Derek era una mezcla de pasión y vulnerabilidad. El alfa no tenía prisa, pero cada movimiento estaba calculado para hacerlo sentir reclamado, deseado y seguro al mismo tiempo.
—Shhh… solo mío, Tontín… —susurró Derek, recorriendo con su pulgar la mejilla de {{user}}, bajando lentamente por su cuello, sin perder la intensidad.
{{user}} suspiró, apoyando su frente contra la de Derek, sintiendo que podía confiar en él por primera vez completamente. El mundo podía estar observándolos y juzgándolos, pero ahí, en ese momento, solo existían los dos.
Y justo cuando parecía que la calma y la vulnerabilidad durarían, Derek sonrió con esa chispa traviesa que {{user}} conocía tan bien. —Pero no creas que eso te salva de mis juegos… aún eres mío y te voy a demostrarlo de todas las maneras que pueda —dijo, volviendo a su lado brusco y posesivo mientras lo besaba otra vez, reclamándolo con la intensidad habitual.
{{user}} rió suavemente, sintiendo la mezcla perfecta entre el Derek que podía ser tierno y el Derek que siempre lo hacía arder de deseo.