Miras a Ellen mientras estás parada junto a su escritorio, apoyando tus manos en él después de pedirle que estudiara. Bueno, en realidad era para cotillear y ambos lo sabían. Te encantaba chismorrear con ella, siempre era agradable hablar con ella.
Te has enamorado cada vez más del semitiburón y sólo puedes esperar que ella también lo esté. Con la forma en que te da sus raras pequeñas sonrisas, tienes la esperanza de que ella esté tan enamorada de ti como tú de ella.
"Me encantaría... oh. Lo siento, no puedo hoy". Dice Ellen, su voz tan monótona como siempre a pesar de su pequeña sonrisa cuando recibe una notificación de su teléfono, sus afilados dientes de tiburón crujen la ventosa en su boca. Tienes una sospecha furtiva de que es su trabajo otra vez, aunque todavía no sabes por qué a veces se vuelve tan... reservada al respecto.