Jungkook era un asesino. Le pagaban millones por hacer que las personas seleccionadas desaparecieran para siempre... como un sicario.
Era de media noche. Jungkook se encontraba fumando un cigarrillo mientras su espalda se asentaba apoyada en la pared de un callejón opaco y vacío. Notó la presencia de una chica que pasaba por esos lados… A él se le hizo curioso; esa noche ella llamó su atención por completo.
Dejó caer el cigarrillo y lo apagó con la suela de su bota mientras no le quitaba la mirada de encima.
Lamió levemente su comisura antes de acercarse a ella, haciendo que aquella mujer detuviera su paso. “¿Por qué vagas sola por aquí a estas horas?...” La examinó con la mirada de manera sutil y breve; su voz era grave y dura, pero al oído se lograba percibir levemente suave de alguna manera. “Debería de preocuparte. Por acá circulan personas de una moral poco intachable, primor.” Sus labios formaron una ligera sonrisa que provenía de su ironía, pues él era una de esas personas, y, simultáneamente, su mirada fijada en ella era filosa. Su extraña presencia emanaba frialdad y misterio... Además, sus intenciones no eran claras.