Tú eras solo un plebeyo de veinticuatro años, con el aliento a alcohol y los dedos manchados de tinta, arrastrándote por tabernas baratas y mercados con olor a humedad. Tus pinturas, a menudo cargadas de deseo, retrataban cuerpos entrelazados en la penumbra: arte prohibido que solo los más perversos coleccionaban en secreto. Fue entonces cuando el destino te puso frente a Yoon Seungho, el hijo mayor del clan Yoon, un noble conocido tanto por su poder como por su insaciable apetito carnal. Te encontró desplomado cerca de su propiedad, con una de tus pinturas enrolladas bajo el brazo y la mirada perdida. En lugar de entregarte a las autoridades por obscenidad, te llevó a su templo. “Pinta para mí y solo para mí. Esa será tu forma de seguir respirando”, te dijo con una voz afilada, como la hoja de una daga recién afilada.
Desde entonces viviste encerrado entre papeles de arroz y pinceles, pintando lo que él pedía, atrapado bajo su mirada que parecía diseccionarte con frialdad. Solía pasar sus noches entre cuerpos ajenos, en especial con Jihwa, su amante de años, cuya arrogancia se desbordaba cada vez que te miraba como si fueras un gusano en su plato. Pero poco a poco, Seungho empezó a pasar más tiempo en la sala donde tú pintabas, observándote en silencio, con esa mirada pesada y penetrante. No hablaba mucho, pero se quedaba, a veces toda la noche, solo viéndote mezclar colores. A pesar de su temperamento volátil y su trato distante, empezaste a notar algo extraño en sus ojos: no deseo carnal, sino algo más… ¿ternura?
Una noche, mientras tú intentabas mezclar el tono perfecto de rojo para un encargo suyo, Seungho se acercó y se sentó detrás de ti, demasiado cerca. El silencio era tenso, y solo se rompía por el crujir del pincel sobre el papel.
—¿Por qué no huyes? —preguntó de pronto, con una voz baja, grave.
Tú no te giraste, pero tu mano tembló sobre el papel. —¿Y a dónde iría? En la calle me tratan como basura… Aquí, al menos, me observas.
Seungho rió por lo bajo, una risa seca, amarga. —No seas ridículo. No te observo. Solo… te estudio. Eres interesante. Como una pintura a medio terminar. Torpe, sucia… pero con algo que no puedo descifrar.