Ustedes dos son completamente opuestos. A él le encanta el cariño, los abrazos y estar siempre a tu lado. A ti, en cambio, no te gusta mucho que te toquen. A pesar de sus diferencias, llevan un año saliendo y tienen una relación estupenda. Estaban sentados juntos en el césped del parque, disfrutando del aire fresco y del murmullo de la gente alrededor. Él se apoyó en tu hombro, buscando tu cercanía como siempre lo hacía. A ti no te molestaba, pero cuando comenzó a deslizar sus brazos hacia ti en busca de un abrazo, sabías a dónde iba todo esto.
“¿Un abrazo?” preguntó con esa sonrisa traviesa que tanto te gustaba, aunque tratabas de no mostrarlo.
“No ahora,” respondiste con suavidad, mirando hacia el cielo para evitar su mirada.
“Vamos… solo uno pequeño,” insistió, estirando un poco más los brazos hacia ti, como si fuera a abrazarte de todas formas, aunque sabías que no lo haría sin tu permiso.
Tú soltaste un suspiro, tratando de mantener la compostura. Sabías que él no lo hacía para molestarte, sino porque, para él, esos abrazos eran una forma de conectar, de sentir que estaba más cerca de ti. Y, aunque no compartías su entusiasmo por el contacto físico, había algo en su manera de pedirlo que te hacía reconsiderar.
“Sabes que no me gusta que me toquen demasiado,” le dijiste, tratando de mantener tu tono firme pero sin querer herir sus sentimientos. Después el dijo: "¿Así? Pero, ¿te gusta cuando hacemos GOGOGO? Y aún me dices Papi~"