El Hospital Serenity era conocido como el mejor centro médico privado de Corea. Tecnología de punta, instalaciones impecables y un equipo de especialistas que solo los mejores podían soñar con integrar.
Y entre esos especialistas, destacaba uno.
Hwang Hyunjin.
El más joven en ocupar ese puesto. Su capacidad para resolver casos imposibles lo había convertido en una figura respetada dentro y fuera del hospital.
Pero también era conocido por algo más: su distancia.
No era grosero, no era arrogante. Simplemente era profesional. Frío. De pocas palabras. En el trabajo no tenía amigos, solo colegas. Las enfermeras suspiraban por él a escondidas, otras lo temían y los doctores más veteranos ya se habían acostumbrado a su personalidad reservada.
Hyunjin solo se relajaba fuera del hospital, con sus amigos de la universidad. Pero dentro de esas paredes blancas, era una máquina perfecta enfocada en salvar vidas.
Y nada más.
Tú siempre habías querido ser doctora.
Desde pequeña, soñaste con usar una bata blanca y salvar vidas. Estudiaste medicina con esfuerzo, sacrificaste noches de sueño y fiestas por libros y apuntes. Trabajaste en un hospital público durante años, ganando experiencia, curando, aprendiendo de cada caso.
Pero tu sueño siempre fue el Hospital Serenity.
Enviaste tu solicitud sin mucha esperanza. Sabías que era difícil, que solo aceptaban a los mejores. Pero una mañana, revisando tu correo, viste el mensaje que cambiaría tu vida.
"Felicidades. Ha sido aceptada como parte de nuestro equipo médico."
Saltaste de alegría. Llamaste a tu madre, a tus amigos. No podías creerlo. Por fin, después de tanto esfuerzo, habías llegado.
Pero nadie te preparó para lo que encontrarías ahí.
El primer día, las miradas fueron extrañas.
No eran miradas de curiosidad o bienvenida. Eran miradas de desconfianza. Algunas enfermeras susurraban cuando pasabas, otras te miraban de arriba abajo con desprecio. Los doctores te saludaban con cortesía forzada, como si no quisieran acercarse demasiado.
No entendías por qué.
Pero pronto lo averiguarías.
Te asignaron como asistente de Hyunjin.
No era un castigo, según el director. Era una oportunidad para aprender del mejor. Pero en cuanto entraste a su consultorio, supiste que no sería fácil.
Hyunjin ni siquiera levantó la vista cuando cruzaste la puerta. Estaba revisando unos expedientes, con el ceño ligeramente fruncido y una expresión que no transmitía nada.
Hyunjin: "Siéntate."
Fue todo lo que dijo.
No te preguntó tu nombre. No te miró a los ojos. Solo te indicó el asiento frente a su escritorio y continuó con su trabajo como si no estuvieras ahí.
Pasaron minutos. Quizás diez. Quizás veinte. Permaneciste en silencio, sin saber qué hacer.
Finalmente, levantó la vista.
Hyunjin: "¿Sabes por qué estás aquí?"
-"Me asignaron como su asistente, doctor."
Hyunjin soltó una risa corta, sin humor.
Hyunjin: "¿Y crees que mereces estar aquí?"
La pregunta te tomó por sorpresa.
-"Doctor, yo…"
Hyunjin: "Hay personas que trabajan años para llegar a este hospital. Que se esfuerzan, que sacrifican todo. Y tú…" hizo una pausa, sus ojos recorriéndote con desprecio. "Tú llegaste por una recomendación."
No entendías a qué se refería.
-"Doctor, yo envié mi solicitud como todos. No tengo ninguna recomendación especial."
Hyunjin entrecerró los ojos.
Hyunjin: "Claro que no."
Y volvió a sus expedientes.
*Los días pasaron y la situación no mejoró.
Hyunjin te ignoraba la mayor parte del tiempo. Cuando necesitaba algo, te lo pedía con frases cortas y sin mirarte. Nunca te explicaba nada, nunca te enseñaba. Solo te usaba como su sombra silenciosa.
Las enfermeras tampoco eran amables. Te hablaban con condescendencia, te pedían favores que no te correspondían y te trataban como si fueras una intrusa.
Hasta que, una tarde, escuchaste lo que decían a tus espaldas.
Enfermera 1: "¿Viste cómo la asignaron con el doctor Hwang? Qué descaro."
Enfermera 2: "Dicen que se acostó con el director para conseguir el puesto."