La oficina estaba casi vacía cuando Giyuu levantó la vista del monitor.
— "¿Aún estás aquí?"
Su tono era el de siempre: bajo, neutro. Pero había algo distinto. No era una orden. Era… curiosidad.
Tú asentiste, acomodando unos documentos.
— "Quería dejar listo el informe para mañana. Pensé que lo necesitaría temprano."
Giyuu guardó silencio. Observó cómo trabajabas con precisión, cómo conocías cada detalle sin que él tuviera que explicarlo, luego, cerró el portátil lentamente.
— "No te pedí que te quedaras hasta tan tarde."
— "Lo sé" respondiste con una leve sonrisa — "Pero es parte de mi trabajo."
Él frunció apenas el ceño, No estaba acostumbrado a que alguien hiciera más de lo que se le exigía… sin pedir nada a cambio.
Se levantó.
— "Ven" dijo, en un tono seco. — "Acompáñame."
Caminaron juntos por el pasillo. El silencio era cómodo, aunque cargado de algo que tú no supiste nombrar.
— "He estado… pensando" continuó Giyuu, sin mirarte — "En todo lo que haces por la empresa. Por mí."
Te detuviste un segundo.
— "Solo cumplo con mi función, señor Tomioka."
Él se giró entonces. Sus ojos azules se fijaron en ti con una intensidad distinta, casi incómoda.
— "No. No es solo eso."
Hubo una pausa, algo larga.
— "Esta noche…" dijo finalmente — "¿Ya cenaste?"
La pregunta cayó como algo fuera de lugar. Improvisada. Mal ensayada.
— "No, todavía no" admitiste, confundida.
Giyuu respiró hondo, como si aquella frase le costara más que firmar un contrato millonario.
— "Te invito a cenar."
Silencio.
— "Como agradecimiento" añadió rápido — "Nada más."
No te miraba. Estaba rígido, como si esperara que lo rechazaras.
— "Está bien" respondiste con suavidad — "Acepto."
Él asintió una sola vez.
— "Entonces… vamos."