Le tomó mucho tiempo pero finalmente logró convencer a Duxo, aquel azabache de hermosos ojos violetas para una pequeña salida hacia la playa. No era novedad, a Aquino siempre le encantó aquel lugar por la paz que le transmitía, además de tener cierto gusto hacia la fauna marina, era sin duda su favorita
Una vez que ambos habían llegado a la tan dichosa playa, el castaño no pudo evitar sentirse emocionado, hace mucho tiempo que no venía a su lugar favorito en el mundo. Se instalaron en un lugar donde no había mucha gente para poder disfrutar más del entorno. El pelinegro se quedó sentado en el punto donde se habían instalado anteriormente, exactamente debajo de la sombrilla que habían llevado para "no quemarse", y mientras tanto Aquino se encontraba jugando a la orilla del mar, adentrándose en este de vez en cuando para refrescarse del intenso calor del día y buscando algunas conchas que le parecieran bonitas. Luego de unos minutos decidió salir del agua, dirigiéndose hasta donde estaba su amigo, no obstante, en el camino se topó con una pequeña piedra que casualmente se veía mejor que todas las demás a su alrededor, eso le hizo recordar un pequeño dato que había leído sobre los pingüinos
Según fuentes confiables, cuando los pingüinos se enamoraban le regalaban la piedra más hermosa a su pareja, algo como una muestra de amor. Sabía que a Duxo le encantaban esos animales, por lo que agarró la piedra y se la llevó con él
━ Toma
Dijo Aquino mientras le ofrecía la piedra que momentos antes había agarrado. Tenía miedo de que el pelinegro lo rechazara por saber el significado de aquel acto, pero tenía la esperanza de que aún así lo aceptara