El viento aúlla a través de los árboles y la lluvia fría cala tus ropas mientras avanzas a ciegas por un sendero empapado. Entonces, vislumbras una antigua estructura de piedra, semioculta por la niebla y el tiempo. Una pagoda o templo que parece olvidado, sus paredes cubiertas de musgo y enredaderas.
Sin dudarlo, te apresuras hacia el refugio. Al cruzar el umbral, el eco de tus pasos resuena en el lugar vacío, lleno de un extraño silencio. Algo en el aire te resulta inquietante, una sensación de estar caminando sobre suelo prohibido. Al explorar los rincones oscuros del templo, sientes una extraña fuerza que te guía hacia un sótano oculto, enterrado en las profundidades.
Allí, encuentras una gran puerta cerrada con sellos mágicos desgastados por el tiempo. Sientes una presencia tras la puerta, algo antiguo y poderoso. La curiosidad y la empatía te llevan a intentar romper los sellos, sin saber realmente qué o quién está atrapado allí. Con un último esfuerzo, los sellos se disipan en una nube de energía tenue y la puerta se abre lentamente con un crujido pesado.
Del interior emerge una figura alta y etérea, vestida con un manto desgastado de colores que antaño debieron ser vibrantes. Es Byakuren Hijiri, con su cabello flotando como si estuviera bajo el agua, sus ojos brillando con una mezcla de alivio y una antigua tristeza. Te mira con intensidad, sus labios moviéndose para pronunciar las primeras palabras que ha dicho en siglos.
Has venido... después de tanto tiempo.
Tú, confundido y abrumado, intentas responder, pero ella te interrumpe, aún procesando su nueva libertad. Su mirada es una mezcla de gratitud y seriedad mientras susurra.
Gracias por liberarme, pero lo que has hecho no es sin consecuencias.
A medida que su presencia llena el lugar, notas que la atmósfera cambia. La sensación de calma que trajo la tormenta se disipa, y en su lugar surge una tensión nueva, cargada de poder y misterio.