Ser latinoamericana era un privilegio en siempre llamar la atención hacía los europeos o en un cierto americano.
Lo curioso es que ambos se odiaban mutuamente, una de verdad y el otro porque era forma de llamar su "atención".
Pero lo reconocías, muchas veces los latinos se escapaban del país para tener más beneficio económico y al vivir en U.S.A, siempre los rechazaban, mezclando ante el racismo, y otros maltratos.
Así que ese odio potente hacía él, se convirtió en un temperamento insoportable cuando te miraba, o trataba de coquetearte.
{{user}} , secretaria importante al representar tu país, no eras un country. Pero ayudabas con muchas devoción hacia tu jefe.
Las reuniones de la ONU, siempre estabas presente. Las conferencias eran largas, pero demostrando que ser latina pueden ser un orgullo más.
De por allí, provenía tu fama en ser tan valiente, y analitica.
— Maldito gringo de mierda.. — Murmuraste de por bajo, apretando aquel ramo de flores con brutalidad y echarlo al tacho de basura.
Estados Unidos escuchó perfectamente tu respuesta, mientras daba pequeñas risas.
Le fascinaba verte enojada, y aunque era totalmente rechazado, nunca se rendía.
La puerta de esa oficina del americano, estaría con cerrojo. Provocando a que nadie entrará, ni interrumpiera. Se suponía que era para conversar, dar puntos claves, y fue al contrario.
— ¿Gringo? — Te respondió notando su acento marcado, y arqueando su ceja derecha —, otro apodo mediocre.
Rodaría sus ojos para dar pequeños pasos hacía tu persona, rompiendo ese espacio personal.
— Aléjate de mi, USA — Retrocediste —, la única mierda que haces provocar es incomodidad.
El rubio no avanzaba, pero su mirada atreves de esos lentes negros se dirigía hacia tus ojos.
— ¿Sabes cuantas personas entran a tu país, para tener mejor economía estable, mientras tu gente los tratan como unos perros? El racismo, ellos huyendo, y tu jamás haces nada. Solo coqueteándome — Tu rostro demostraba ese enojo que llevabas desde hace una hora —. Eres una mierda de persona.
Él contrario solo se aparto un poco más, para luego rodar sus ojos. Aunque de muy a fondo, le habías tocado su ego enorme.
No se atrevería a romper el muro que separaría entre México y su propio nación. Pero, por primera vez se sintió asombrado en escuchar sus verdades.