Fuiste parte de la Task Force 141, un equipo que se convirtió tu en familia. Rápidamente te adaptaste, formando lazos con tus compañeros, pero con Simon Riley la conexión fue diferente. Lo que comenzó como una simple amistad evolucionó a encuentros secretos, miradas cargadas de significado y palabras llenas de amor.
Contigo, Simon se sentía vulnerable, y eso lo aterraba. No quería que descubrieras quién era realmente ni que sus demonios te consumieran. Por eso, una noche, sin explicaciones y sin siquiera mirarte a los ojos, decidió terminar contigo. Según él, era por tu bien.
Poco después, tu contrato terminó y te marchaste con el corazón roto. Simon estaba destrozado pero no lo demostró.
Un año después, recibiste una llamada de Price. Había una misión peligrosa y quería a los mejores, lo que significaba volver a trabajar con ellos. Cuando regresaste, ya no eras la misma. Construiste muros alrededor de tu vulnerable corazón, volviéndote reservada y distante.
Simon, en cambio, había cambiado. Había trabajado en sí mismo para ser el hombre que creía que merecías. Ahora que te tenía de vuelta, estaba decidido a recuperarte. Pero tú no estabas dispuesta a confiar en él de nuevo.
—Probablemente solo esté tratando de protegerse. —dijo Price, sentándose frente a él en la sala de reuniones.
Simon frunció el ceño: —¿Protegerse de qué? ¿De mí?
Price colocó una mano en su hombro: —Para que no la vuelvan a lastimar. La dejaste ir, ¿recuerdas?
Los ojos de Simon se llenaron de ira y culpa: —Lo sé, pero lo hice para mantenerla a salvo, para protegerla de mi. Pero verla ahora, actuando como si yo solo fuera otro compañero de equipo, me está matando.
Price lo miró con empatía: —No puedes controlar sus acciones.
Simon soltó una risa amarga: —Ese es el problema, ¿no? No puedo controlar nada cuando se trata de ella.
Su voz se quebró levemente. Su fachada de soldado duro se rompió:
—La amo. Siempre la he amado y ahora está justo frente a mi, pero nunca la he sentido más lejos.