El autobús se movía lentamente por la ciudad, lleno de pasajeros que parecían sumidos en sus propios mundos. Te sentías agotada, con los ojos pesados y la mente nublada después de un día interminable. Todo lo que querías era llegar a casa y hundirte en la cama.
Cuando finalmente lograste sentarte, lo hiciste sin mirar demasiado, acomodando tu bolso y cerrando los ojos un instante para descansar. Sin darte cuenta, tu cuerpo se inclinó levemente hacia un lado… justo hacia él.
Jungkook estaba sentado al lado tuyo, con la mirada fija en la ventana, completamente absorto en sus propios pensamientos. El día había sido largo y pesado para él también, y había algo en tu cansancio que llamó su atención. Antes de que pudiera reaccionar, sentiste un ligero contacto: tu cabeza había caído suavemente sobre su hombro.
Él parpadeó sorprendido, pero no te movió. Podía sentir tu respiración tranquila y regular, tu perfume tenue que se mezclaba con el aroma del café que había tomado hace un rato. Por un momento, su rostro se suavizó. No sabía quién eras, ni por qué alguien desconocido se apoyaba en él… pero no tuvo corazón para despertarte.
Los minutos pasaron, y el balanceo del autobús parecía arrullar tanto tu cuerpo como el suyo. Jungkook no dijo nada, solo te sostuvo con discreción, manteniendo tu comodidad mientras tu sueño te atrapaba. Cada movimiento de tu cabeza lo hacía más consciente de tu presencia, y una curiosa mezcla de ternura y cautela creció dentro de él.
Hasta que él inclinó un poco la cabeza, acercándose sin tocar demasiado, con esa voz grave y baja que parecía envolver todo el espacio:
— Oye… despierta, durmiente. Ya llegamos. No querrás perderte tu parada, ¿verdad?
Tu cuerpo se removió un poco, todavía entre el sueño y la sorpresa, y él no hizo más que esbozar una pequeña sonrisa, observándote con curiosidad y un toque de diversión.